1. El hecho audiovisual.
Los lenguajes audiovisuales
aparecen a lo largo del siglo XX como nuevos elementos de atracción, de recurso
y de información. La realidad audiovisual no se limita solo al sonido e imagen
ante la vista y el oído del destinatario. Hay una tercera dimensión, que es el
movimiento, con ritmo, estímulo y colaboración inconsciente del receptor, quien
pone su fantasía en funcionamiento.
Son lenguajes vivos y
completos con energía encauzada, estímulo sostenido, capacidad persuasiva, que
se comparten. Los mensajes se refuerzan con el apoyo del entorno de las
personas cercanas. También se acomodan a lo que el niño usa con preferencia:
ojos, manos, oídos y a la que el joven prefiere como cauce de evasión y de
puesta en juego de mecanismos afectivos de compensación. Precisamente por eso
tienen tanto valor pedagógico.
2. Tres rasgos o factores. En el
campo audiovisual se toman en cuenta 3 variables:
2.1. Visual
Se expresa por el valor de
la imagen que se sitúa ante los ojos. Unas veces es imagen conocida; en
ocasiones se presenta como novedoso y original.
La imagen es el punto de
partida para que la mente comience a funcionar, estimulan la fantasía, la mente
se encauza hacia el objetivo propuesto. Por eso es importante el color, el
tamaño, la posición, la variedad de formas, la diversidad que procede de la
naturaleza, los contrastes. Todo lo que entra por los ojos, llega a la mente,
se combina en ella y se dinamiza con la efectividad.
2.2. Auditiva
En el producto audiovisual,
se pone también en funcionamiento el sonido: palabra, música, ruido, silencio.
Es el segundo factor que da fuerza a este lenguaje y estimula la creatividad de
la mente, tanto de quien la emplea para comunicar como de quien recibe lo que
transmite. Es la mente la que “organiza”, a partir de lo que entra por los ojos
y oídos. La respuesta depende de cada uno.
Las formas de ofrecer los
sonidos son múltiples. La palabra se expresa en monólogos, diálogos y
coloquios. Entre los sonidos están la música y la canción. Los oídos se
intercomunican con las imágenes llegadas por los ojos y en el interior se
enlazan con ellas.
2.3. Motriz
El movimiento es la tercera
dimensión de los lenguajes audiovisuales. El movimiento es equivalente a la
vida. En el lenguaje audiovisual el poder comunicativo está en el ritmo, en la
sucesión, en la naturalidad con que van aconteciendo los hechos. Sin el
movimiento, se cae en la artificialidad y se pierden muchos de los efectos que
se producen con la simple imagen visual y con el sonido. Con todo, el
movimiento no puede ser salvaje, sino eco y referencia de la inteligencia
productora.
3. Exigencias de lo audiovisual
Los instrumentos en que se
apoya este lenguaje son diversos. Sin embargo, todos presentan un común
denominador: el poder de transferencia, que es la que explica su influencia. Su
difusión y éxito en la cultura moderna y la demanda social de que son objeto,
se debe a que son una forma de rápida emisión y fácil recepción.
Para que un medio audiovisual
se convierta en un recurso comunicativo real tiene que tener una serie de
rasgos propios. Entre ellos podemos indicar:
o
A la
calidad técnica: de imagen, sonido, proporción, movilidad.
o
A la
originalidad de las formas, figuras y a su adaptación a las ideas.
o
A la
referencia de atractivo que ejercen las imágenes en los receptores.
o
A la
proporción en su número, duración o intensidad, para evitar la fatiga.
o
A la
oportunidad de sus expresiones orales y de sus formas visuales.
4. Variedad audiovisual
Es el arte de
representar en una pantalla el movimiento simulado mediante la superposición de
fotografías proyectadas (24 cuadros por segundo). El espectador recibe la
impresión de realidad, efectos de relieve, tridimensionalidad, incluso, con
recientes iniciativas informatizadas de selección simulada, de interactividad
entre espectador y personajes de la pantalla.
En los tiempos actuales han
disminuido los hábitos sociales de acudir masivamente a salas de proyección
(cines). No obstante, se han divulgado otras alternativas comercialmente más
atractivas, como los films de consumo individual o las salas de proyección
múltiples a gusto del consumidor.
La imagen grabada y
proyectada de cerca, como en el video, o a distancia, como la
televisión, es recurso de técnica similar al cine, pero con contenidos e
intensiones más momentáneas. Mediante la toma de vistas y su emisión,
simultánea o diferida, potenciada al máximo con los modernos cauces de
difusión (satélite, cable, fibra óptica, alta definición, etc.).
Es un poderoso elemento de
influencia, no solo en campos informativos si no en toda la gama de
sentimientos preferencias, actitudes, mensajes hábilmente repetidos o
seleccionados.

El video se convierte en
una técnica con un lenguaje que incide en la vida y en los modos de pensar.
Resulta instrumento portador de lenguajes variables: culturales,
sociales, estéticos y religiosos. Va desde el entretenimiento superficial que
conduce al vicio (ludomania visual, manipulación, etc.) hasta el uso más digno
que facilita la intercomunicación entre personas como en otros tiempos lo
facilitó el lenguaje escrito: cartas, libros, prensa, mensajes gráficos.
4.3.
Otros audiovisuales


Y también se puede sugerir
variadas técnicas de documentación, como confección de dossieres, de
archivos, de entrevistas, de documentos gráficos o sonoros debidamente
graduados y seriados, que se ofrecen posteriormente para la reflexión y el
registro de datos.
5. Poder
educativo
Es frecuente usar los
medios audiovisuales en actividades pedagógicas. Su valor depende del modo de uso
y de los resultados que se consiguen.
El niño está en proceso de
desarrollo, necesita y busca experiencias sensoriales. Estos lenguajes le
ofrecen todo ello: sensación, movimiento y satisfacción. Le brindan vida, combinan
las ideas con las imágenes. Hacen posible la precisión que él, por inmadurez,
no puede todavía generar o comprender. Interesa valorar el poder de persuasión
y de transmisión que estos lenguajes tienen en el niño. Cuando las entienden
como lenguaje, las usan con interés, con moderación, con adaptación al mensaje
que se quiere transmitir.
5.1. Calidad técnica
Se debe emplear con interés
lo que realmente es valioso, tomando en cuenta lo diguiente:
1. Calidad de imagen, combinando tamaños,
colores, figuras, preparación.
2. Brevedad en la exposición de cada imagen.
3. Movilidad de las mismas en armonía con la
dinámica mental del espectador.
4. Variedad de figuras que van desde el
contraste, al juego hábil de planos fotográficos de diverso alcance.
5. Adaptación al sujeto receptor.
6. Proporción entre el conjunto y cada
segmento.
7. Sencillez en las formas, buscando más la
comunicación que la exhibición.
8. Visibilidad o claridad en la figura, la
cual no debe precisar explicaciones para entender su presencia.
9. Progresión o sucesión según un plan
previsto y finamente predispuesto.
10. Originalidad, creatividad, novedad y
cierta sorpresa que ayude a mantener el interés y la atención hasta el
final.
5.2.
Habilidad pedagógica
Es conveniente cierta austeridad, mucha adaptación y gran capacidad de interpretación.
La austeridad exige emplear el audiovisual sólo cuando es provechoso. La
adaptación conduce a diferenciar bien las edades, los mensajes que se
transmiten y los momentos en que se hacen. La interpretación exige que el
esfuerzo hecho pare leer la imagen no sea superior al que se realice para
producirla y transmitirla.
El valor del lenguaje está
en la capacidad para dar claridad al mensaje. Los lenguajes educativos visuales
son poderosos para comunicar, pero requieren experiencia y habilidad para
persuadir, interesar y clarificar.
6. Conclusiones.
Con estos lenguajes
audiovisuales se dirige el educador al grupo más que al individuo. Cuando
se emplean se pretende que todos, y no los más capaces, sepan mirar las cosas,
al mismo tiempo que vean, escuchen al mismo ritmo, piensen y en forma paralela
juzguen. Esto significa que deben ser lenguajes muy activos y atractivos, porque
si conducen a la pasividad, pierden el verdadero alcance que los define
como vehículos de comunicación.
FUENTE
Texto tomado de:
Diccionario de Pedagogía Religiosa. Lima: Bruño, 2006. t. 1, p. 113-116
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